Una de fracasos: paradas tipo Dubái

por Juan José Rojas

¿Por qué nadie —o muy pocos— usan las “paradas tipo Dubái”? Hoy entré a una, la que se ubica casi a la altura de Circuito Álamos. La primera impresión que recibí fue la de un olor a escremento de perro —o gato, o vaya usted saber la procedencia—, aunque por más que miré el piso, no encontré nada. Luego el sabor del polvo al respirar. Una parada sin vida y que, sin embargo, tenía a ocho personas esperando el autobus a un costado de ella. Sin internet, con una televisón Polaroid polvorienta, casi vestusta y con el piso lleno de basura, como se puede observar en la imagen.

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Para terminar septiembre, deberemos —debiéramos— tener 13 de estas paradas por toda la ciudad. La mayoría ya están grafiteadas, estrelladas, sin mantenimiento, con un aire acondicionado que, al momento de que usted entre por la puerta, le arrojará —mejor dicho arrojaba, porque en algunas no hay— un porrazo de aire frío.

Ulteriormente, estimado lector, usted deberá lidiar con su ansiedad. Y es que ni esta, ni la anterior administración, ni la anterior a la anterior, han logrado solucionar el problema del transporte público en Querétaro. Esta ciudad de vanguardia y futuro que han prometido PRI y PAN por años, sigue demostrando que, por más crecimiento demográfico que exista en la capital, no es capaz —ni siquiera— de regular un tiempo exacto para el tránsito de las rutas, mucho menos para hacer paradas funcionales.

Entonces, usted esperará más o menos unos 20 minutos el camión, a veces 30, con algo de suerte la ruta se detendrá y lo subirá. Reitero: con algo de suerte. Y si su camión no va a reventar, usted será un usuario privilegiado que encontró el Edén o la selva en el desierto.

Aunque esté en su “parada tipo Dubái”, el autobus no lo subirá ahí, lo hará unos 10 metros más adelante o atrás de ella, pero no en ella. Hasta los operadores de servicio rehúyen de esas mágicas estaciones. Quizá no con intención, haga la prueba, simplemente usted no es visible, esa parada lo aisla, encierra los olores y lo aleja de la B, la S, la 70 o la X.

Optará por esperar el autobus afuera, ignorará que, en esas paradas que usted no usa, se invirtieron 33 millones 420 mil pesos, es decir, la pagó de sus impuestos y le salió cara. Pensará que ni la maqueta de nueve millones de pesos fue tan inútil.

¿Y le tengo que recordar que luego leerá, escuchará en la radio o verá en la televisión que, según un estudio —ya sabe, de esos estudios— le dirán que le sale barato el transporte, que en realidad lo que debe pagar por el servicio son entre 13 y 15 pesos? Pues sí, y esperará con calma y sin hacer nada a que le suban la tarifa. Y en las siguientes elecciones no se preocupe, que los RedQ del PRI, o los Qrobús del PAN, volverán a ganar. Y usted, estimado lector, nuevamente se indignará.

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