Raza: un término obsoleto

El color de la piel es la expresión más visible que más se relaciona al concepto de raza. Es el resultado de una adaptación fisiológica a las condiciones ambientales. Estos rasgos son transmitidos de generación en generación por mecanismos de herencia.

por Miriam Izebel Vega Sánchez/ Tribuna de Querétaro

Los seres humanos no poseen diferencias genéticas bien definidas que les permitan ser clasificados en términos de subespecies, por lo que desde el punto de vista científico, el término “raza” no puede ser utilizado para distinguirnos. Dentro de los estudios genómicos no es un concepto con el cual se trabaje e incluso se considera políticamente incorrecto.

El concepto de raza aplicado al ser humano se popularizó en el siglo XIX y se empleaba como categoría taxonómica que equivalía a una subespecie. Con el paso del tiempo los avances en la genética y la biología volvieron el término obsoleto y se limitó su uso a la identificación de subgrupos de especies domésticas.

Su aplicación para la identificación y agrupación de ciertas características genéticas en humanos es inadmisible. La académica, miembro del Laboratorio Internacional de Investigación sobre el Genoma Humano (LIIGH), María Ávila Arcos explicó: “en realidad no trabajamos con el concepto de raza humana en términos genéticos. Es un término que incluso se puede considerar ofensivo”.

Mismos genes

Los humanos en su totalidad comparten el mismo código genético, por lo que las diferencias observables son resultado de variantes de los genes que se reparten con distintas frecuencias entre las poblaciones. Dicho de otro modo son los mismos genes repartidos y expresados de forma distinta en determinadas poblaciones.

El color de la piel es la expresión fenotípica –es decir la característica visible– que más se relaciona al concepto de raza. La melanina es la sustancia encargada de otorgar pigmento a la piel, lo cual brinda protección de las radiaciones ultra violenta. Es el resultado de una adaptación fisiológica a las condiciones ambientales. Estos rasgos son transmitidos de generación en generación por mecanismos de herencia.

Por lo anterior no es de extrañarse que los tonos de piel más oscura tienen sus orígenes en zonas con una incidencia de radiación solar mayor, mientras que las pieles más claras se encuentran en zonas de menor.

Genéticamente estas diferencias no son suficientes para determinar que, por ejemplo, a cada nivel de pigmentación corresponde una subespecie del humano distinta. Para la comunidad científica no existe más que una sola raza: la raza humana.

A pesar de que no existir sustento biológico para mantener el uso del término, éste permanece en el léxico de las personas. Se atribuye que la expresión de ciertas características hace que una persona pertenezca a tal o cual grupo. Por lo tanto el racismo y el discurso de exclusión se hacen en términos de la cultura y no de la biología.

Es importante que se dé a conocer la carencia de sustento para clasificar a las personas por razas con el propósito de evitar discursos de odio y la perpetuación de desigualdades.

 


*Publicado originalmente en el semanario Tribuna de Querétaro.
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