Cuando soy inútil

Por Yakeline Soriano


Hoy leí un artículo que me hizo sentir —nuevamente— como una completa inútil. El autor mencionaba escritores y poetas que nunca había leído, y no podía evitar pensar lo mucho que me falta por conocer. El detalle es que ni siquiera sé por dónde empezar, me es difícil mantener la atención por un período largo de tiempo, pero puede ser que esa solo sea una excusa para justificar mi procrastinación.

Evado las dificultades de la vida diciendo que me distraigo, mientras las frivolidades de las redes sociales me mantienen bien inmersa en la mierda que consumo. Pero he meditado acerca de esa dichosa mierda; la vida necesita su dosis de apestosidad. Sí, parece absurdo decir que necesitamos consumir productos y servicios que, dicho sea de paso, no tienen algún propósito más que enajenarnos. Pero seamos honestos, todos necesitamos de lo absurdo de vez en cuando, solo hay que estar conscientes de que se está consumiendo algo insalubre. Como cuando te comes un tamal frito, bien sabes que, además de ser un tamal, este es frito y que no es nada bueno para tu cuerpo. Lo consumes de todas formas, pero no hay engaño, nos echamos nuestro eventual tamal, aunque no podría ser una dieta diaria, tendríamos serios problemas de salud si así fuera. Quizá el consumo en su generalidad es así, el tamal frito sabe muy bien. Y también es hasta importante conocer su sabor, pero no quedarse en las garras del paladar satisfecho; sino reconocer que nuestro cuerpo necesita otro tipo de cuidados. Lo mismo (creo yo) aplica para las frivolidades de la vida.

Un día, durante mi estancia en Buenos Aires, tuve la siguiente reflexión sobre el consumo, la mierda y las frivolidades, que quedan ad hoc para este texto:

Mientas le tomo un sorbo al café de mierda de McDonald’s, me jode admitir que de cierta forma me hace sentir en casa. Y con todas las implicaciones que una casa comprende, saber que una empresa multinacional se ha infiltrado en tantos países y que este café me recuerde a México…  me jode, me jode. Y usted dirá: tú lo fomentas porque consumes ahí. Claro, me asumo culpable, pero considerando que soy —fui— estudiante y todos los desayunos de alrededor cuestan tres veces más, pues bueno, ahí el éxito de estas empresas.”

Y ahí me tienen consumiendo mierda desde tiempos inmemorables, pero hoy qué excusa podría tener estando en México para consumir un café de McDonald´s. Ninguna, salvo la promoción de pay y café a veinticinco pesos y, para qué les miento, sí voy por uno de vez en cuando. Pero el propósito de este texto no es contarles los detalles de las absurdidades que yo consumo, por un lado, su función es distraerme de lo inútil que me siento a veces, pero también recordarme que en ocasiones vale la pena cuestionarme la mierda que consumo. Poner en perspectiva ese momento en Argentina en donde no hallaba un café económico y rico, para después reflexionar sobre lo que México tiene que ofrecer.

Justo hace unos días el INEGI publicó El Indicador Mensual del Consumo Privado y —¡oh sorpresa!— los mexicanos seguimos consumiendo más productos importados que nacionales, incluso se muestra el comparativo con respecto al año anterior y los números van a la baja.

Esto quizá nos sirva como reflexión la próxima vez que queramos consumir del payaso Ronald o de aquella sirenita coqueta que posa en el vaso blanco. El café para algunos puede ser un consumo de mierda, pero si vamos a consumirla no estaría nada mal que fuera mexicana.

Y, si son observadores, se habrán dado cuenta que desvié la atención de mi preocupación inicial: sentirme una completa inútil. En fin… quizá en lugar de escribir sobre tamales y café, debería estar leyendo algún libro, ya saben, para ser mejor escritora.

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